El humo y la ciudad | Microrrelato

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El humo ocultó hasta el edificio más alto de la ciudad. El caos no era visible pero sí sonoro alrededor de las calles. Solo se sabía que provenía de una isla que se encontraba al frente. ¡Es Dios, que nos está castigando! gritó el religioso. ¡Son imbéciles quemando basura! gritó el escéptico. ¡Soy yo, que se me quemó la comida! dijo el tonto. Para sorpresa de todos, justo después de su frase; la cortina de humo que envolvía la ciudad desapareció. La expresión del tonto salió en todos los medios de comunicación. Y nunca se supo por qué, pero el tonto dejó de ser catalogado para siempre como tonto aunque seguía siéndolo.

 


Sobre Beto Rosero
Comunicador. Co-fundador y Co-editor Revista Sentidos.

 

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