Entre mi abuelo y mi tío, el guerrillero

Cuando se firmaron los primeros puntos de los acuerdos de paz en La Habana, se me vino a la mente un nombre: Antanas, ya que en el inicio de éstas, hace unos años, Mockus ofreció aproximadamente 2000 horas gratis de asesoramiento a las FARC, las cuales fueron negadas. Fue sorprendente darme cuenta la obstinada idea de este señor, este designio que permanecía desde antes que fuese candidato a la presidencia.

La idea era “La vida es sagrada”, me da lástima decir que en ese momento glorioso y casi de iluminación, digo casi ya que no soy un iluminado, solo me sentí de esa forma. Estaba con mi hermana, ella igual que yo, e igual que toda la familia Buelvas somos damnificados de la guerra, nos quitaron todo, aun cuando no teníamos nada.

En ese momento estando en el carro con ella, le dije “Yo sé que en el tiempo correcto yo llegaré a trabajar con los miembros de las FARC”, mi hermana enseguida demostró su odio, el odio que yo sí siento, aunque ella niega que yo tengo. Me dijo enseguida “el día que llegaras a trabajar con esas personas y hagas algo indecoroso, dejarás de ser mi hermano”, al parecer ella todavía no comprende que este grupo armado pasará de ser una guerrilla a una empresa bananera, a una corporación de campesinos, a unas ONG’s que se dedicaran a la protección de la vida silvestre y humana.

Acá la incógnita es ¿cuál es la razón por la cual yo todavía tengo odio y quiero contribuir a los diálogos de paz? Ella, que tiene el mismo odio que yo, solo quiere un acto irracional, quiere venganza; yo, por el contrario, quiero justicia justificada en la ley. Y piensa eso sin saber que me quiero unir a estas personas para colaborar en su reintegración a la sociedad… tal vez porque ella no cree y yo sí.

Para entender estas razones tenemos que ir 15 años atrás, cuando nos quitaron todo. A mi hermana la crió mi abuelo, mi abuelo era su padre, de igual forma tenía yo el mismo sentimiento por él, solo que ella lo aprovechó más de fondo, le pagó la universidad; a la casa llegaban cavas repletas de comida cada 15 días. Supongo que muy en el fondo ella todavía vive en esa casa de Sincelejo, donde un señor de 1,90 llenaba el lugar con su presencia.

Yo por mi apellido paterno, recibí otra clase de educación, de esa parte de mi vida no se encargó ningún pariente, se encargaron los profesores que me dictaban clase en el colegio, estos estaban afiliados a los diferentes sindicatos de maestros, ex-militantes de la UP, miembros del partido comunista, del PDA. Para explicarles de otra forma, mi apellido paterno es Bateman, soy sobrino de un guerrillero, mi tío es Jaime Bateman Cayón.

Esa casa grande, ubicada en el barrio Boston de Sincelejo, de dos pisos y blanca, era mágica, existía algo en ella que le daba la razón de ser. Cuando esa causa o consecuencia dejó de existir y pasó a un segundo plano de la existencia, pasó a ser solo un souvenir, un recuerdo lejano de tiempos mejores, en esos momentos donde la vida nos daba todo. Ese momento era perfecto.

El hogar de mis abuelos pasaba repleto de personas y era hasta incontrolable en vacaciones. Cuando dejó de existir todos se corrompieron por la lucha de una herencia que, por la avaricia, hoy no queda casi nada de lo que obtuvieron los herederos. Supongo que es castigo.

Hoy recuerdo la confianza que le tenía mi abuelo a mi hermana, era su hija por adopción y ella tenía razones para que ese señor la respetara; esta ecuación está resumida entre la responsabilidad de ella, una conexión de acciones y pensamientos que todavía existe entre los dos. De su boca todavía, después de tantos años, escucho la frase célebre que todos dicen cuando no hago las cosas bien  “Si tu abuelo estuviera vivo…” y yo para mis adentros “Ojalá lo estuviera”.

Quizás pueda existir un llanto que sea algo más personal, uno que fuese ‘de para adentro’, no ‘de para afuera’, uno del alma. No lo van a creer, a veces él llora, muy de noche,  cuando a su dueño nadie lo ve.

Ahora mi llanto son estas letras y solo escribo para que alguien me lea y comprenda que la paz no es una situación de una persona, de un partido político, tampoco individual, es más grupal, es un estado de conservación humana. Por favor no piense en sus odios o en sus temores, medite qué haría la persona que está a su lado en un país sin conmoción interna, estado de sitio o en guerra. No sea egoísta; ahora poco a poco usted lector va entendiendo todo.

Desde muy pequeño se me dio la obstinada idea de saber las razones por las cuales mi abuelo recibió de un guerrillero cerca de tres balazos en el estómago a una corta distancia. De él solo queda un recuerdo, mi tío Luis Fernando que como él dice “Soy el único Buelvas vivo de verdad, verdad” tiene razón, ya no nacen así, de tan gran calidad.

Volviendo al tema que nos interesa, entendí la muerte de mi abuelo cuando entré a estudiar Ciencia Política y Gobierno, entendí el conflicto, comprendí el significado de gobernabilidad, entendí al Estado, su funcionamiento, lo comprendí todo, antes de eso solo sustentaba mi rabia en que Don Juan Ángel significaba la presencia perfecta de la tranquilidad, se me habían llevado al cuerpo perfecto de un labrador de tierra, nos habían quitado todo.

Siento el mismo odio que mi hermana, tengo rabia, en las noches lloro, cuando duermo y sueño, veo como un hombre aparece en la oscuridad vestido de blanco, en una mesa en “U” sentado alrededor de hombres vestidos de negro y Don Juan sentado en la mitad, es ese señor; creo que mi hermana nunca ha visto a mi abuelo en los ojos de sus hijos y en el amor que le da su marido, yo lo veo y veo que ahora que lo vuelvo a tener todo, no quiero que me lo quite nadie.

Ojalá que mi hermana vea que sus hijos son la prueba viva de que mi abuelo existió y que sus retoños no merecen el fin último de todo ser humano a tan temprana edad o más simple, vivir con miedo. Hoy después de 15 años recorro las calles de Patillal, Sucre, voy a los mismos lugares que frecuentaba mi abuelo, hoy me doy cuenta que la verdad que se ha dicho es una que es a medias.

La verdad te libera, todos mis familiares, incluso mi hermana no quiere hablar de eso que le he tratado decir desde que volví de allá, saber que ella solo quiere un comportamiento irracional ante todo este tema es desalentador, es saber, para infortunio mío, ya que es mi pariente, que ella piense así, eso me duele, lo que realmente sucedió lo dejaré para mí.

Pero algo sí es seguro, de ser oportuna la justicia, el que tenga que pagar pagará, eso sin negarlo, también te libera. Yo sigo teniendo rabia, pero esta se focaliza en este escrito, en las ganas de trabajar por las miradas de mis sobrinos, en las ganas de estudiar aún cuando no me guste la materia y en especial en la figura perfecta de ese labrador de tierra, y si, este texto fue creado para que mi hermana lo lea, ojalá lo haga.

Sin pensarlo, te juro que voy a trabajar para que los acuerdos en los que nadie cree resulten, te juro, también que mi vida se va a dedicar a eso, ya no solo por mi abuelo y mis sobrinos, más bien por todos los nietos que tienen un labrador de tierra de cuerpo perfecto y presencia mágica en sus casas.


Sobre Carlos Bateman
Estudiante de Comunicación Social. Tiene 24 años. Cree en la paz, pero que esta tenemos que construirla. Estudió cuatro semestres de Ciencia Política y uno de Filosofía.

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