Estados Unidos, Siria y Economía

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Por Andrés Zambrano |

En el día que elaboro este ensayo, en Moscú se están reuniendo Rex Tillerson, Secretario de Estado de los Estados Unidos de América (del norte) y Sergei Lavrov, Representante de la Federación Rusa. El tema de su reunión: la intervención estadounidense respuesta del presunto uso de armas químicas por parte del régimen del dictador sirio Bashar al-Assad, aliado actual del gobierno ruso.

 

Cuando mis amigos de la Revista Sentidos me pidieron escribir este análisis sobre los factores económicos en juego en la guerra civil siria, lo único que pude pensar es en la complejidad inherente de una guerra en donde hay involucradas tantas facciones y motivaciones diferentes; un evidente dolor de cabeza que se agudiza si intentamos incluir factores económicos a la receta del desastre que se cocina en el territorio sirio.

 

La economía siria era relativamente prototípica dentro de los países de Medio Oriente. Alta dependencia en la exportación de hidrocarburos, un sector servicios relativamente grande, y unos sectores industriales y agrícolas relativamente débiles. A pesar de todo esto, la población de Siria estaba relativamente bien educada y tecnificada, y en 2010 los países de la zona habían firmado un acuerdo comercial para dinamizar sus economías y poder competir en los mercados internacionales.

 

Es imposible hacer un análisis del conflicto sirio sin incluir a los otros países de la zona del gran Levante, entre los cuales están Iraq, Líbano, Jordán, Turquía y Egipto, además de Siria. La magnitud del conflicto en la zona significa que la problemática de Siria (y parcialmente de Iraq) afecta a todos los países de la zona, aunque la mayor magnitud de los costos, tanto económicos y más importantemente humanitarios, caen sobre Siria e Iraq. Dentro de las principales causales de perjuicio económico para la economía siria está sin duda la fuga de cerebros (aunque la palabra “fuga” subestima la magnitud del fenómeno),  lo que representa que los trabajadores calificados del país lo abandonen con el propósito de evitar el conflicto. A esto se le suma la destrucción de materiales, infraestructura y productos, lo cual es relativamente común en los conflictos civiles.

 

Así mismo, hay que resaltar que la economía siria se encuentra bajo un embargo comercial por parte de Estados Unidos y la Unión Europea, lo cual es especialmente destructivo para una economía productora de petróleo, ya que es bloqueada de dos de los tres mercados globales más importantes de energía (el tercero siendo China), esto se suma a la destrucción del capital físico, lo que conlleva a que en todos los sectores de la economía, desde agricultura hasta servicios, se haya percibido efectos negativos derivados del conflicto.

 

Según estimaciones del Banco Mundial, el costo económico del conflicto (sólo en destrucción de material, para 2014)  en la zona del Gran Levante asciende a 35 mil millones de dólares, el equivalente al total del Producto Interno Bruto de Siria en el año 2007. Estas estimaciones no incluyen el costo que representan los refugiados para los países receptores, y además los costos futuros de la eventual reconstrucción del país. Además estos costos, como se había mencionado anteriormente, recaen más fuertemente sobre Siria e Iraq.

 

Sin embargo, el costo humano de la guerra siempre superará los costos materiales, en especial cuando los niños y jóvenes dejan de ir a la escuela o a la universidad para huir del conflicto, ya que ahí el costo no solo es económico (vía oportunidades perdidas) sino también para toda la sociedad y perdurará por largos años.


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