La hora de la tristeza | Microrrelato

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Por Beto Rosero

Cincuenta años habían pasado para que por primera vez alguien tocara la puerta de la casa de Clara y Emma a las seis de la tarde. Las dos hermanas de setenta y siete y setenta y cinco años nunca se habían casado, y tampoco habían tenido hijos. Llevaban toda una vida compartiendo el hogar dependiendo la una de la otra. Ambas odiaban esa hora porque era el momento en el que todos los hogares recibían a alguien: Los niños esperaban a sus padres, las mascotas esperaban a sus dueños, las esposas esperaban a sus esposos, y hasta Soledad, la vecina de al lado, esperaba su programa de tv favorito. Ellas nunca esperaban nada. Siempre había sido igual durante medio siglo, las dos se sentaban en la mesa a mirar las manecillas del reloj y a escuchar a los vecinos saludar a la persona que había llegado. Pero ese día, después de cincuenta años, alguien tocó la puerta. Ninguna sabía qué hacer. Sonrieron. Un silencio que nunca habían sentido las invadió por varios segundos. La puerta sonó por segunda vez. Emma se levantó y caminó lentamente hasta el umbral, luego volteó, miró fijamente a su hermana, y nunca más regresó…

 


Sobre Beto Rosero
Comunicador. Co-fundador y Co-editor de Revista Sentidos.

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