La prudencia que hace verdaderos sabios

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Por Jhoan Camargo | @K_amargo

 

Para cuando usted lea esto el barro endurecido sobre Mocoa habrá sepultado para siempre los desaparecidos que los organismos de socorro no lograron encontrar. Estará pasando al olvido semanal las muchas tragedias que suceden en el país y probablemente habrá gozado de más de un video arlequinesco tras lamentarse de otro aciago. Pero no me llama aquí hacer etnografía sobre consumidores medios ni recordar los infortunios que suceden en este platanal patrio. Me llama aquí la indignante y desapercibida artimaña de la clase política, de los dirigentes, de los mandatarios, de los legisladores, del buitre, del oportunista, esa que consta en decir cualquier barbaridad aprovechándose de la coyuntura para herir o calumniar, para infamar y, sabiéndose mentiroso, desdecirse ante el más leve atisbo de sentir que ha sido descubierto.

 

A un adverso representante de las huestes centro democráticas se le ocurrió la brillante conjetura de que la terrible tragedia que había ocurrido en la capital del Putumayo había sido por obra y gracia de la “dinamita explosiva depositada por las FARC” rio arriba, pero es solo un ejemplo de tantas afirmaciones que se hacen a diario sin ningún respeto por nadie, ni por ellos mismos. Que el ejército es una fuerza letal, dice una representante que a lo sumo, ha estudiado ocho semestres de politología y uno más de historia del arte o algo parecido en el Instituto José Ortega y Gasset, también mueve a la ciudadanía a que estudie, como ella, en lugar de ser vagos, como vagos son los argumentos que regularmente usa para afirmar sus posiciones extremistas y contradictorias; incluso los medios periodísticos le adjudican con desconocimiento y deliberada grosería el adjetivo de juglar a un joven que apenas se hacía camino en el género, las formas de la muerte de ninguna manera enaltecen la vida de la víctima.

 

El mundo no para, tampoco los desatinos de las personas frente a los temas de actualidad, los cuales se presentan tan mediatos, tan fugaces y atractivos, que apuramos algún despropósito con tal de sentar nuestro punto de vista de cualquier forma, preferiblemente violenta e hiriente. Es posible que los Medios de Comunicación nos obliguen a esas bajezas o que la facilidad de “comunicarnos” en tiempo real nos juegue una mala pasada; de hecho, el honorable parlamentario luego presentó una excusa timorata diciendo que uno de sus asesores se lo había dicho sin cotejar información y que el calor del momento lo movió a decir tal aseveración. Los medios de información jugaron un poco con la notica, no habrá faltado quien publicara alguna ofensa, y quien se indignara al leerla, lo demás fue olvido.

 

Más allá de que haya sido falso lo que dijo, lo que hay alrededor de ello debería ponernos a pensar; por un lado, está la ingente cantidad de personas que probablemente se hayan quedado en el equívoco, esto en un país polarizado; por otra parte, deja como ejemplo que está bien decir y luego desdecir sin mayores implicaciones, las cuales, en un país serio, tendría consecuencias legales y morales. Las redes sociales están plagadas de dimes y diretes que no van más allá de eso, simples habladurías en las que se afirma sin responsabilidad sobre lo que se dice, quizá esa sea la quintaesencia de las redes sociales, pero si se tiene en cuenta que muchos de nosotros construimos nuestra estructura ideológica a partir de noticias falsas, blandas o parciales, el futuro se presenta sombrío.

 

Por lo demás, se tiene que las justas entre miembros de partidos son embustes y aseveraciones sin piso argumentativo, simples maledicencias, una representación a pequeña escala de lo que somos como sociedad. Se dice, se dice demasiado, pero se sustenta poco. Tenemos las posibilidades de conocer y expresarnos en tiempo real, gran milagro de las telecomunicaciones, pero aún no hemos entendido que esta posibilidad viene con responsabilidades.

 

Opinar exige preparación, mesura, meditación y tiempo para pensar lo que se dice, pero el conteo regresivo para el siguiente escándalo o hecho altamente noticioso lo único que saca de nosotros es efervescencia, quizá sea momento de aprender de la música; las partituras si bien marcan negras, corcheas y fusas, también contienen silencios que son tan importantes como las marcaciones de los tiempos. En esta Semana Mayor me propuse pedirle al dios de los ejércitos o el que esté más a la mano, le confiera a nuestros periodistas, gente de carne y hueso y representantes en el legislativo y ejecutivo esa tan anhelada “prudencia que hace verdaderos sabios”.

 

 


Sobre Jhoan Camargo
Licenciado en Historia.

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