“¿Para qué voy a recomendar yo que lean al Quijote?” Alberto Fuguet

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*Foto: tomada de ivanthays.com.pe

Por Néstor De León | Entrevista

 

En entrevista con Néstor De León, Alberto Fuguet, escritor chileno y director de cine, habla de su infancia, del cine, de la literatura, la supervivencia y la vida misma.

 

Desde los ojos de la infancia ¿cómo vio usted, en su momento, cuando se mudó de un Estados Unidos en –quizás- más calma y que había ya salido de una guerra a una Chile en plena dictadura?

 

AF: Más que en plena dictadura, yo pensé al llegar a Chile que el horror era llegar a Chile. O, mejor dicho, cualquier niño que vive un desarraigo: es potente. A mí me parece que lo más traumático para mí fue perder el lugar donde yo vivía que, como tú bien decías, era un lugar que estaba bueno para mí, y era un país bien distinto. Pero a mí no me afectaba la dictadura, yo era un chico de once años. A mí me afectó cambiar todo: perder el idioma, perder mi círculo, cambiar las extrañas costumbres locales. Me parecía muy distinto el mundo que me tocó vivir en Estados Unidos a acá, entonces era como rehacerse y, sobre todo, rearmar tu idioma. De verdad yo creo que si yo no hubiera tenido que perder el inglés, sino que hubiera tenido que aprender el español a la fuerza y de una manera súper rápida, yo quizás no sería escritor. Siento que el mayor cambio radical en mi vida fue cambiar mi idioma.

 

¿Por qué al mudarse a un país del que no conocía el idioma, escribir en ese idioma? ¿Por qué no escribir en inglés, que es el idioma que sabía?

AF: Porque yo quería ser chileno, porque a la edad que yo llegué, a los once, no tenía derecho a opinar. Me llevaron mis padres, no era yo un tipo independiente, no tenía la edad para serlo. No aprender español era suicida. Es un acto de sobrevivencia. Y después ¿por qué no escribí en inglés?, porque yo sentía que ya quería ser aceptado por mis padres. Y se transformó en mi idioma, al final. Yo ya a los quince años era más bien al revés, tuve que hacer un esfuerzo para aprender el inglés, para seguir cultivándolo porque yo me abracé de la causa española, porque era la única manera de sobrevivir. Obviamente ahora ha pasado el tiempo, yo sé inglés, lo hablo, lo escucho, lo entiendo, pero todavía no lo escribo. Y creo que hasta podría escribirlo, pero prefiero ser un escritor impar. Siento que ya hay muchos buenos en inglés.

 

En su vida, antes de la literatura estuvo el cine, ¿influyó éste en algo hacia la llegada de la literatura?

 

AF: El cine era la meta, era el hobbie número uno, mi identidad. A mí me interesaba ver películas, esconderme en ellas. Yo veía la vida como una película, y pensaba que en el futuro yo podría terminar siendo un director o un crítico de cine. Después, claro, empecé a ver que no era tan fácil hacer películas, que eran caras, que en Chile no había donde estudiar cine, en esa época no había celulares; el cine estaba, de alguna manera, en Hollywood… Me di cuenta de que el cine contaba historias, y que las historias también se podían contar por escrito. Y ahí apareció la literatura. La literatura para mí fue, más bien, un plan B.

 

Y el plan B ha resultado…

 

AF: El plan B resultó, y el plan A sigue estando ahí, coqueteando. Sigo sintiéndome muy cercano al cine. He hecho cinco películas, ahora no estoy haciendo ninguna, no sé si vuelva a hacer, pero siempre estoy atento al tema del cine, y tengo fantasías de volver a filmar, pero también a veces me da pereza porque al final yo siento que también, quizás, lo mío sea ser escritor. Yo creo mucho que a veces buscando tu fantasía, puedes encontrar otra.

 

Eres conocido, entre otras cosas, por ser un crítico del boom latinoamericano. Quizás hay muchos autores que se formaron leyendo a los autores del boom. ¿Qué piensas alrededor del lector joven de hoy, que tiene veintitantos años?

 

AF: Sí, claro, yo también me formé leyéndolos. Yo creo que [el lector joven de hoy] es más libre para elegir lo que quiere leer. No solo lee latinoamericano o literatura en español. O sea, yo creo que los chicos de veinticinco años se han formado con Harry Potter, quizás tienen lazos con el realismo mágico pero de otro tipo… las distopías… No le tienen miedo a los libros grandes, a las sagas; no le tienen miedo a, supuestamente, literatura que no está aplaudida. ¿Por qué? Antes todo el mundo leía el boom, entre otras cosas, porque era admirado por todos. Pienso que la manera de leer ahora, de los chicos más jóvenes, es más compartida, está también en las redes sociales, es cómo la gente se manda memes… Me parece que a tu generación hay que tenerlos como aliados, son súper buenos lectores, son súper activos y partícipes, y poco prejuiciosos; y creo que leen harto, a pesar de ser gente con muchas redes sociales.

 

Recientemente surgió una discusión con la muerte de Ricardo Piglia. Resulta que muchos de los jóvenes no conocen a Piglia, a la vez que es muy recomendado quizás por lectores más académicos. Si a ti te tocara recomendar autores clásicos para lectores jóvenes, ¿qué autores recomendarías?

 

AF: Bueno, yo no sé, es una pregunta súper difícil, y me recomiendo a mí también. Pero me parece que tu pregunta es un poco antigua, es como de viejo. Me parece que uno elige lo que uno quiere leer; eliges lo que tú quieres comer, cómo quieres vestirte, cómo quieres hacer todo. ¿Que si te recomiendo a Piglia? Sí, te lo recomiendo, pero si tú no lees a Piglia tampoco te conviertes en un criminal o creo que estás cometiendo un pecado, ¿me explico?, creo que cada uno llega a los libros a los que tiene que llegar. Esto [leer] no es un curso de universidad, no es una malla curricular. O sea, a mí me encantaría que leyeras a Piglia, pero si no lo has leído no me parece el fin del mundo; sí me parece el fin del mundo que no leas nunca.

 

Reformulo un poco la pregunta… ¿Qué le recomendaría leer a un joven que no lee, hoy?

 

AF: Les recomiendo averiguar -e ir a Wattpad, quizás- libros que tengan que ver con el tema que les apasiona: que sea un deporte, algo de sexualidad, algo que está viviendo, algo sobre su país… Me parece que cada persona más o menos sabe qué le hace falta, y ahí buscar. Creo que también los jóvenes ya saben lo que más o menos quieren leer. No tengo problema en que lean Crepúsculo, por ejemplo. O sea en el fondo es: ¿para qué voy a recomendar que lean al Quijote?, porque de pronto no lo van a leer, creo que tú tienes que ir y mirar, decir “este tema me interesó”, “esta entrevista me interesó”. Tú eres colombiano y, a lo mejor te interesaría leer colombiano, pero a lo mejor no, sino que te interesa leer japonés. Por ejemplo, yo ahora voy a hacer un curso de Bukowski, no sé si lo has leído, y él es un autor que conecta con algo… que autores de todas partes lo leen, y quizás Bukowski pueda ser más colombiano para ti que García Márquez, porque te habla de un mundo quizás para ti más cercano.

 

Si te toca elegir una pasión, ¿literatura o cine?

 

AF: Yo creo que mi pasión es el cine. Pero al final a lo que me dedico realmente es a la literatura, yo soy un escritor que está obsesionado con el cine. No es lo mismo pasión que realidad. Yo escribo, y creo que la pasión por el cine es lo que me hace ser mejor escritor.

 

¿Algún plan de llevar una de las obras escritas al cine?

 

AF: No por mí. Me encantaría si, por ejemplo, tú quieres adaptar una obra mía. Perfecto. Pero hacerla yo mismo, no, porque siento que ya he vivido eso; es como volver a ir de viaje a un lugar que ya conoces. Prefiero ir a lugares nuevos. Ahora, el único plan que estoy haciendo es terminar una adaptación teatral que me pidieron de un libro mío que se llama No ficción, pero para el teatro y lo voy a seguir corrigiendo. Y tampoco quiero dirigirlo. Si el día de mañana adaptara algo, o dirigiera algo, sería una obra de otro; siento que hay algo como muy solipsista… solo hacer las cosas de uno, pero si alguien quiere adaptarme a mí –por ejemplo, en Perú se adaptó Tinta roja-, yo feliz. Pero yo hacerlo, creo que no hace falta, ya lo hice.

 

Una obra de otro autor que usted quisiera adaptar…

 

AF: Ha habido muchas. Sé que he tenido ganas de adaptar algo del cuento de Los jefes… hacer algo con el mundo de Vargas Llosa. Algo así como el cuento de Los cachorros, siento que es un tema que yo podría hacer bien; adaptarlo quizás a otro país, a mí país, quizás cambiarlo de época… Pero ese mundo de los primeros cuentos de Vargas Llosa, es un mundo que siento cercano.

 

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