Reflexiones Mañaneras

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No quiero ser aguafiestas ni causar pánico con el partido apenas iniciando, pero intentemos hablar claro porque el futuro se ve color hormiga. ¿Qué podemos esperar que haga Duque con los dos productos bandera de nuestra economía: el petróleo y la cocaína? Para empezar, como se nos olvidó ser despensa y convertimos al agro en la Cenicienta, es jodido el nivel de dependencia que tiene Colombia en esos dos ítems, especialmente porque del producto legal tenemos muy poco, y del otro, del ilegal, aunque tenemos bastante materia prima, nos toca, para cumplir con compromisos adquiridos nacional e internacionalmente, jugar al policía malo y el policía bueno (producir cocaína y al mismo tiempo combatir su tráfico). De petróleo ya prácticamente no nos queda nada (menos de 5 años de reservas en pozos). De coca tenemos poco más de 200 mil hectáreas cultivadas en este momento que prometimos sustituir o erradicar.

¿Qué hará Duque?

Lo primero es que definitivamente autorizará el fracking (fracturación hidráulica) para encontrar y extraer petróleo. Es una técnica terrible para el medio ambiente que daña suelos, desperdicia agua y acaba con fuentes hídricas; pero es efectiva para resolver el problema llamado “¡querida, se nos acabó el petróleo!”. Primera mala noticia: si queremos seguir dependiendo del petróleo en un país sin petróleo, como parece ser el deseo popular y del gobierno de turno, el fracking es la única vía. Así que pagaremos todos ese costo ambiental irreparable con tal de mantener el nivel de exportaciones de crudo. 

Por el otro lado la cosa no pinta bien tampoco. Duque está obligado a combatir el narcotráfico, pero sin acabarlo del todo. Primero, porque es imposible darle el jaque mate a ese flagelo. Segundo, porque no nos conviene en materia económica hacerlo. A Duque, para arrancar mata por mata de coca (o aparentar que lo hace), le tocará recrudecer el conflicto y enfrentarse a sangre y fuego con paramilitares, bandas criminales, guerrilleros de grupos como el ELN y disidencias de las desmovilizadas FARC. Segunda mala noticia: ¡Adiós Hospital Militar vacío!

dawn, drill, dusk

Pero esa guerra contra las drogas no solo no acabará con el narcotráfico (y en eso podemos dictar cátedra luego de décadas de total, absoluto y rotundo fracaso), sino todo lo contrario, lo fortalecerá. Entre más guerra, más mafiosos nos volveremos y más se encarecerá el producto. A quien más le conviene los bombardeos en zonas cocaleras es a los narcotraficantes pues sus ganancias se disparan. El precio lo pagaremos los demás, los que nada tenemos que ver con ese rollo. Y lo pagarán especialmente los campesinos de esas zonas olvidadas. Nos condenan, con tal de ganar más y seguir alimentando con dinero producto del narcotráfico a la economía subterránea, motor de grandes industrias como la de la construcción, a vivir forever and ever en un país que no hace más que darse plomo y derramar sangre. Tercera mala noticia: la coca colombiana valdrá los dos ojos de la cara y por ello aparecerán nuevos y más peligrosos traficantes en nuestro territorio con ansias de lucrarse de un negocio tan redondo. En conclusión, tendremos más criminales y se disparará la tasa de crímenes. La sociedad pierde.

Pero hay una muy buena noticia: gracias a todo lo anterior la economía se mantendrá a flote, el país no será tomado por el castrochavismo y estaremos lejos de convertirnos en Venezuela.

Rabito: no debería llamarse economía naranja cuando el rojo le cuadra más.

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