Siria, Trump, Putin y una verdad a medias

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Por Jean Pierre Mandonnet | @mandonnetj

Un ataque químico, ochenta y siete civiles muertos, un autor que aún hoy sigue siendo una incógnita y una riposta de 59 misiles por parte del gobierno de Donald Trump hacia el régimen de Bashar al-Assad que destruyó la base aérea de Shayrat (Siria) son el balance provisional de diez días en los que el orden político mundial se puede haber visto perturbado o, quizás, reconstruido, teniendo en cuenta cuáles fueron las primeras intenciones de Trump luego de ser elegido por medio de su lema ‘America First’, y sus posibles réplicas en movimientos populistas que podrían haber repercutido en el organigrama europeo de cara a las elecciones que ya tuvieron lugar en Holanda y Austria (con sendas victorias progresistas) y las venideras en Francia y Alemania.

 

El ataque, que como bien señalamos al inicio, dejó como saldo la pérdida de la vida de ochenta y seis civiles en la ciudad siria de Khan-Cheikhoun. Se produjo el pasado 4 de abril y, en menos de setenta y dos horas, la respuesta de los Estados Unidos no se hizo esperar por medio del lanzamiento de los ya mencionados misiles Tomahawk desde los buques destructores USS Porter y USS Ross, fondeados en el Mediterráneo, por medio de los cuales se destruyó la base aérea de Shayrat en la que hasta el año 2013 se almacenaron armas químicas, destruidas en teoría por el régimen de al-Assad junto con la colaboración de Rusia. La respuesta norteamericana tomó por sorpresa a la Comunidad Internacional y dividió lo que parecía ser un bloque populista contra el establishment que en teoría amenazó y sigue amenazando la estabilidad y el orden político y económico en occidente y Asia Pacífica.

 

Vladimir Putin, aliado de Bashar al-Assad, se desvinculó desde un principio de la autoría del ataque químico al régimen de Damasco. Este 12 de abril, en una entrevista para el canal de televisión ruso Mir24, el jefe del Kremlin exigió las pruebas que determinen por un lado la autoría del ataque químico por parte de Assad y que por ende justifiquen la respuesta norteamericana sólo dos días después del siniestro; “¿Dónde están las pruebas sobre el uso de armas químicas por parte de la armada siria? No las hay”. Estas declaraciones prosiguen al encuentro que mantuvieron el día de ayer en Moscú el Secretario de Estado de los Estados Unidos Rex Tillerson y su par ruso Sergei Lavrov. Una reunión en la que el común denominador fue la falta de consenso entre ambos en lo que concierne a la autoría del ataque y, por ende, la falta de pruebas por parte de Tillerson a la hora de afirmar que fue al-Assad quien cometió el ataque. No obstante no dudó en afirmarlo; “Con respecto a la complicidad o conocimiento de Rusia con respecto al ataque químico, no podemos firmar la información que indica que allí hubo algún tipo de participación de Rusia o de fuerzas rusas en el ataque. Lo que sí sabemos y podemos firmar en alta confianza en nuestras conclusiones, es que el ataque fue planeado y llevado a cabo por las fuerzas del régimen bajo la dirección de Bashar al-Assad”, agregaba Tillerson tras de tres horas de reunión. Lavrov, por su parte, no dudó en calificar como ‘hipotética’ la ‘evidencia’ presentada por Tillerson y exigió por ende una investigación por parte de las Naciones Unidas que determine quién fue el responsable directo del ataque. En lo que ambos sí manifestaron estar de acuerdo es en la necesidad de acabar con el Estado Islámico y la urgencia de detener la expansión nuclear de Corea del Norte.

 

Putin, por su parte, maneja otras dos hipótesis. En su entrevista a Mir24 sostuvo que la primera podría haber sido la destrucción de una fábrica de armas químicas por parte del ejército sirio, controlada por “terroristas” que, si bien fueron destruidas por al-Assad hace cuatro años, podrían haber provenido de Irak. La segunda por su parte vendría siendo una “provocación” o una “puesta en escena con fines mediáticos” con el objetivo de ejercer una presión mucho más fuerte hacia las autoridades legales sirias.

 

Cabe recordar que el último ataque de lamentables proporciones perpetrado por armas químicas en Siria data del 21 de agosto de 2013, en el que el régimen de al-Assad atacó dos suburbios de la capital que en ese entonces permanecían bajo el control de los rebeldes. Finalmente esta incursión dejó como saldo la muerte de más de 1.400 civiles entre los que se encontraban 426 niños, lo que desembocó en una investigación de la ONU, cuyos resultados concluyeron en la aparición de “pruebas flagrantes” acerca del uso de Gas Sarín como arma a la hora de efectuar el ataque. Este gas viene siendo veinte veces más letal que el cianuro. Al-Assad, quien desde un principio negó la existencia de armas químicas dentro de sus fuerzas armadas, terminó por entregarlas, por lo que fueron destruidas poco a poco en barcos de la coalición internacional en el Mediterráneo.

 

Ante lo anterior y sin una evidencia clara sobre la autoría del ataque, además de la petición de Rusia de cara a una investigación por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, la respuesta de Trump vendría siendo hasta ahora un ataque, si es que realmente las armas químicas en manos del gobierno sirio fueron destruidas en su totalidad.

 

Reacción internacional

La candidata francesa por la presidencia Marine Le Pen, una de las mayores seguidoras de Trump luego de su elección y abiertamente pro-rusa y anti-europeísta, manifestó su indignación luego del lanzamiento de los 59 misiles a la base aérea de Shayrat: “¿Sería demasiado esperar los resultados de una investigación?”, a lo que agregó que el primer mandatario estadounidense había afirmado que su país no volvería a ser el ‘gendarme’ del mundo. Para la candidata por el ultra-derechista Front National, el ataque de Trump a Siria fue ‘precipitado’, a lo que agregó finalmente que es necesario “respetar la soberanía de los Estados” además de asegurar, fiel a su estilo, que no quiere que se repita el “mismo escenario” que se generó en Irak y en Libia, cuyos procesos alimentaron el ‘caos’ que terminó por confortar al “fundamentalismo islámico”. La opinión de Le Pen fue proseguida por la de su sobrina y diputada por el mismo partido, Marion-Maréchal Le Pen, quien en noviembre de 2015 había expresado su voluntad de trabajar con el saliente primer asesor de seguridad de Donald Trump, Steve Bannon, quien además había sido su director de campaña y asimismo del portal ultraderechista y de tintes xenófobos ‘Breitbart News’. La sobrina de la candidata presidencial manifestó en entrevista para France Info estar “decepcionada” luego de la acción norteamericana desde aguas del Mediterráneo: “Este ataque norteamericano va en contradicción del propósito de Donald Trump sobre la ‘no injerencia’ en ese país (Siria)”.

 

Pese a la desligamiento de Le Pen sobre el multimillonario norteamericano, la intervención contó con el visto bueno de la OTAN en cabeza de su Secretario General Jens Stoltenberg y por ende de la Unión Europea en cabeza de la canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés François Hollande. Stoltenberg en primer lugar ha señalado que “el régimen sirio es el responsable absoluto de esta novedad”. Mediante un comunicado dio a entender lo anterior y terminó por condenar el uso de armas químicas como “una clara violación a las normas internacionales”.

 

Hollande y Merkel, mientras tanto, emitieron un comunicado conjunto en el que así como Stoltenberg, condenan en lo absoluto el uso de armas químicas por parte del régimen de Damasco. Según el Eliseo, Washington les había advertido previamente a ambos mandatarios sobre la intervención. Ambos terminaron por instar asimismo a la comunidad internacional a unirse en favor de una transición política en Siria.

 

Además de Merkel y Hollande, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, manifestó su apoyo a Trump por medio de su cuenta de Twitter: “Los ataques de Estados Unidos muestran una determinación necesaria contra los bárbaros ataques químicos. La UE trabajará con EE UU para acabar la brutalidad en Siria”. Fue en realidad un apoyo unánime e inesperado luego de los recientes ataques verbales del presidente Trump hacia Merkel y hacia la OTAN, a quienes llegó a acusar de una deuda de “millones de dólares” a su país, luego de una reunión con la Canciller en Washington.

 

Por su parte, China ha optado momentáneamente por la prudencia mediante un tibio comunicado de la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores Hua Chunying, en el que condenó nuevamente el uso de armas químicas y manifestó su intención de evitar un “nuevo deterioro de la situación”. La cautela de China se da pese a que incluso el día del lanzamiento de los misiles se encontraba en Mar-A-Lago su presidente Xi Jinping reunido con Donald Trump tratando, entre otros temas, la amenaza nuclear de Corea del Norte.

 

 

¿Deconstrucción o reconstrucción?

Para concluir, hay que señalar una vez más que este ataque altera parcialmente la estabilidad del rompecabezas del orden mundial luego de que Trump y el Brexit lo alterasen en los últimos nueve meses. Estados Unidos priorizó por medio del plan Marshall luego de la segunda guerra mundial, bajo el mandato del presidente Harry Truman, una lucha unida por la democracia y la unanimidad de un modelo económico en beneficio de un mercado que década tras década vendría siendo cada vez más globalizado. El propósito inicial fue la reconstrucción de Europa por medio de una inyección de doce mil millones de dólares, a lo que prosiguió en 1957 la creación de una Unión Europea que en principio no se llegó a pensar lo que finalmente pudo llegar a ser con respecto a la unidad, en un continente en el que los nacionalismos habían llegado al poder bajo el costo de millones de muertos luego de dos guerras.

 

La Guerra Fría terminó a inicios de los 90, y a partir de ese entonces la lucha se enfocó en el libre comercio y en una cruzada anti-terrorista que, para bien o para mal, ha generado cierta estabilidad en occidente y Asia Pacífica.

 

Donald Trump, por medio de sus intenciones iniciales para con Vladimir Putin (a quien llegó a calificar como un ejemplo) antecedido por el triunfo del Brexit en Reino Unido y seguido por la avanzada electoral de partidos como el Front National en Francia o el Partido Alternativo por Alemania en teoría pondrían en peligro la permanencia de la Unión Europea como bloque sin estos dos últimos bastiones y, asimismo, el orden político y económico a nivel global.

 

El ataque con ácido en Siria aleja a Trump de Rusia, incluso más luego de la inutilidad de la visita de Tillerson a Moscú, así como refuerza el bloque preestablecido entre Le Pen, el AFD, al-Assad, Irán y Putin, abiertamente anti-europeísta y con quién pese a todo, Estados Unidos y Europa mantienen un acuerdo de cooperación para vencer al ISIS.

 

La amenaza nuclear de Corea del Norte, el fracaso de la reforma de salud en el Congreso y la necesidad de apoyo por parte de la comunidad internacional pueden ser motivos de fondo que justifiquen la incursión militar norteamericana en Siria, pero mientras no haya una investigación por parte del Consejo de Seguridad de la ONU que llegue a determinar quién o quiénes fueron los autores del ataque químico, es difícil hablar de una respuesta por parte del gobierno de Donald Trump ante una acusación aún sin comprobar hacia el régimen de Bashar al-Assad.

 

Por ahora sólo existen hipótesis, entre un sector que pide pruebas para sustentar la respectiva acusación y otro que ataca en respuesta a una política global que va mucho más allá de la búsqueda de una solución hacia un problema de seguridad.

 

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