¿La música hace las sociedades o las sociedades hacen la música?

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Por Jaime Curvelo | @curvelojames

 

Escribir sobre una de las cosas más reales y a la misma vez sublimes que hay en el mundo, la música, no es algo fácil, y mucho menos cuando se es artista y compositor de música del género urbano. Compongo trap, reggaeton, dance hall, reggae, merengue, entre otros. Soy culpable como muchos compositores de exagerar el contenido de mis letras para llegar a mostrar un punto en mis canciones pero, a pesar de todo, tengo conciencia de la influencia de la música sobre cada una de las personas que la escuchan, tanto directa como indirectamente.

Lo más hermoso de la música es precisamente que es inexplicable, intuitiva, hermosa y a la vez molesta. ¿Irónico, no? Algo parecido a nuestras sociedades y a ese complejo imaginario que nos ayuda a convivir como tal.

La mayoría de los temas compuestos que han salido al aire son temas urbanos “comerciales”. Entiendo perfectamente que hay canciones más profundas que, aunque son de mis favoritas, para la mayoría de las personas no son tan fáciles de digerir. Hay una disyuntiva enorme entre músicos, artistas y consumidores musicales en cuanto a la música comercial, ya que tiene un impacto más fuerte.

La música comercial no está mal, es necesaria, es una forma de expresión artística diferente que, aunque muchas veces no profundice en nuestra espiritualidad, nos desinhibe de muchas maneras y nos hace vivir momentos en los que por un corto tiempo nuestros problemas no existen. Para mí eso es valioso y necesario en algún momento de nuestras vidas.

Quisiera aclarar que estoy realmente convencido que aquella frase de Aristóteles “el hombre es un ser social por naturaleza” es verdad, nacimos para existir y co-existir de la misma forma. Encontramos la felicidad viviendo y compartiendo actos, actitudes y sentimientos con muchísimas personas que a lo largo de la vida influyen de forma directa o indirecta en cada una de nuestras acciones y reflejan todo ese intercambio social a otros, y esos otros a otros, y sigue la cadena…

Entonces, realmente, ¿los músicos y su música logran crear formas de actuar en las sociedades? o ¿los músicos simplemente profesan aquellas cosas que las sociedades les brindan? Una vez le escuché a Willy Rodríguez (vocalista de Cultura Profética) que si bien es cierto que la música sirve para pensar en todo y en nada, hay música para bailar, vacilar, etc. La música es capaz de tocar esa fibra mental donde ninguna otra cosa logra llegar; puede despertar sentimientos, pensamientos, actos (como bailar), y aquellos que entienden eso, entienden que como músicos tienen un gran poder y así mismo una gran responsabilidad.  A través del tiempo la música ha revolucionado sociedades y opiniones, pasó con el blues, el jazz, la salsa, el reggaeton, el rap. Todas, a su manera, han molestado a la sociedad, y para mí eso “está bien”. Probablemente siempre intentaremos censurar lo diferente, lo rebelde, aquellas cosas que por lo general las sociedades censuran para no sembrar la idea en las personas de que como sociedad se está fallando en algo (o en muchas cosas).

Por eso respaldo la idea de la libertad de expresión en la música, así como respaldo la idea de ser responsables en la manera de comercializar el arte. Quizás un artista con mucho poder mediático pueda con sus canciones lograr convencer e implantar ideas de violencia, drogas, sexo y demás, pero también es cierto que si alguien está escribiendo sobre el tema es porque está ocurriendo en la sociedad. No hay que estar ciegos ante eso. No podemos decir: es Maluma con sus 4 babys lo que está destruyendo la sociedad, porque hay que ser conscientes que la sociedad está actuando de determinada manera.

Culpar a los artistas urbanos por componer canciones sobre el día a día de su vida en sus barrios es ser injustos y expropiarlos de la libertad de expresión que ninguno puede perder. Si hay que buscar un culpable, podemos comenzar nombrando a los empresarios que manejan la industria musical en un capitalismo donde lo que se quiere es vender a como dé lugar. Y, como casi todos los seres humanos tenemos ese instinto de rebeldía (que espero nunca se pierda), las cosas “prohibidas” siempre nos van a llamar la atención. Es ahí donde los empresarios de la industria se aprovechan y empiezan a transmitir mensajes equívocos con sus estrategias de comercialización que llegan a oídos de millones de personas, en ellos está la primera responsabilidad, son quienes venden un estilo de vida de violencia y drogas a las masas, que probablemente el artista del barrio nunca se imaginó.

Con esto último no quiero decir que cantar cosas por cantarlas está bien, quiero decir que muchos músicos hablan de violencia, odio y demás porque es un desahogo para ellos, es un desahogo de muchas cosas que tienen que vivir en un punto donde la sociedad falla, y cuando hablo de la sociedad, hablo de todos, si alguien vive de determinada manera en el mundo todos somos responsables de eso. La música siempre ha dado suspiros de tranquilidad a estas personas, a muchos de nosotros nos han puesto a pensar más allá de la tranquilidad y el confort en el que vivimos. Esto último me lleva a recordar a uno de los músicos que para mí podría ser el rapero más grande de todos los tiempos, Eminem, quien fue criticado durante toda su carrera por hablar de cosas que el gobierno y la sociedad americana nunca aceptaron, aquellas cosas que pasaban en los barrios más pobres que nadie podía decir (violencia intrafamiliar, desigualdad, corrupción y drogas).

Mencionar el tema de Eminem es importante para mí porque durante toda mi infancia lo escuché y entendía de lo que estaba hablando, sin embargo su música me afectó de una manera distinta a como los conservadores creen que afecta este tipo de letras. Entendí muchas cosas de las vivencias de Marshall (Eminem) y tomé lo necesario para saber lo que está bien y lo que está mal dentro de sus canciones. Creo que tiene que ver mucho la manera en cómo las familias educan a sus hijos. Cuando estuve expuesto a toda esta realidad musical que decían sus versos, ya sabía lo que debía hacer y lo que no. Eminem, además de ser una fuente de inspiración, fue la fuerza para saber que hay algo más allá del confort de mi casa, y que hay causas por las cuales luchar para que la sociedad sea integral y funcione de la mejor manera.

Es fácil criticar a los músicos y culparlos por sus letras obscenas de cosas en las que todos tenemos la culpa, pero por qué en cambio no nos ponemos a pensar de qué manera estamos educando a nuestros hijos y por qué el dinero, la rumba, la obscenidad y el sexo son estilos de vida que admiran y buscan. Insisto, la música es un reflejo de la sociedad, no al revés: el sexo, las drogas y la rumba son cosas reales que la gente vive, es por eso que siempre va a haber canciones sobre ellas, la solución está en enseñar la forma correcta de sentir y adoptar este tipo de cosas.

 


Sobre Jaime Curvelo
“Curvelo James”. Artista urbano, compositor y emprendedor.

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