Trump, medio ambiente, y por qué los trabajos industriales jamás volverán al mundo desarrollado (y América Latina, de paso)

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Por Andrés Zambrano

 

Uno de los principales acontecimientos del último mes fue la salida del gobierno de los EE.UU del Acuerdo Climático de París, un convenio firmado por más de 180 naciones del mundo con la finalidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera y mantener el calentamiento de ésta por debajo de los 2°C (con respecto a la temperatura que la Tierra tenía en la época pre-industrial). Para pocos es sorpresa esta acción tomada por parte de la administración Trump, (la cual duda abiertamente de la evidencia científica que soporta la existencia de este fenómeno ambiental) pues entre medidas como la reducción de regulaciones para industrias emisoras, el nombramiento de Scott Pruitt (un crítico abierto de la evidencia del calentamiento global) como jefe de la agencia de protección ambiental (EPA) y la reducción del presupuesto asignado a la misma,  dan muestra de que la administración actual del gobierno de Estados Unidos de América tiene otro modelo de desarrollo en mente; uno que no esté tan orientado a la búsqueda y desarrollo de tecnologías renovables, así como de reducción del impacto ambiental de la actividad económica.

La evidencia científica apunta a que fallar en cumplir las metas de emisiones podría conllevar costos significativos en el largo plazo, debido a los efectos adversos en el clima del planeta. Para el Banco Mundial, que el calentamiento global supere los 2 grados centígrados supondría un impacto significativo para la producción agrícola mundial, ya que con este aumentaría la frecuencia de inundaciones, sequías y otros fenómenos. Esto implicaría escasez alimentaria a nivel global. Todo esto supondría mayor presión sobre los sistemas alimentarios, sociales y económicos que dificultarían el desarrollo económico en países en vías de desarrollo, ya que no disponen de los recursos suficientes para mitigar los daños.

La principal excusa de la administración Trump para tomar este camino en política ambiental es la búsqueda de la restauración de los trabajos industriales en sectores como el carbón, y la extracción de otros combustibles fósiles. Sin embargo, y a pesar de las regulaciones que destruyó, es imposible que se revierta la tendencia histórica de reducción de trabajos en el sector energético tradicional, en parte debido a 3 razones:

  1. El sector energético tradicional no está bien visto por los inversionistas internacionales. Ya es un entendido entre países como China y otras potencias occidentales que la producción de energía basada en combustibles fósiles, que en el mejor de los casos, está empezando a hacer su salida del mercado internacional. Asimismo, este sector siempre ha tenido un comportamiento Oligopólico, en donde pocas empresas controlan grandes porciones del mercado global, dejando poco margen de entrada a empresas nuevas en el sector.
  2. Existe una carrera por una posición dominante en el nuevo sector de energía renovable. Volviendo a mencionar los países anteriores, se han efectuado grandísimas inversiones en el desarrollo e implementación de tecnologías nuevas en el sector, esto debido a que quien logre obtener una posición dominante (líder del mercado) logrará controlar gran parte del suministro de tecnologías limpias y por consiguiente buena parte del suministro energético global.
  3. La tecnología ha avanzado, estamos ad portas de una era en donde la producción de energía renovable es menos costosa que la energía tradicional. El desarrollo de células fotovoltaicas de mayor durabilidad y menor costo permiten que se desplomen los precios de la energía solar. Asimismo, mejoras incrementales en la eficiencia de otras fuentes aseguran que los combustibles fósiles se conviertan en fuentes secundarias y/o auxiliares de energía.
  4. La ñapita: no es política comercial con China la que está matando trabajos en las economías desarrolladas, sino la automatización. Así como en la década de los 80’s y 90’s con la llegada de los computadores hubo una transformación en las habilidades necesarias para el trabajo (por ejemplo la mecanografía cayó en desuso) estamos a punto de un cambio tecnológico profundo que si no se maneja bien, podría llegar a ser muy disruptivo. En este caso, la nueva tecnología es la relacionada con el aprendizaje informático o “machine learning” que permitirá automatizar aún más trabajos que la anterior oleada. Ya muchos economistas (independientemente de la orientación intelectual) hemos empezado a discutir el concepto del ingreso universal básico, como medida para alivianar los efectos negativos de la automatización.

Sobre Andrés Zambrano
Economista.
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