Venezuela

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Por J. William Pearl

El tribunal supremo de Venezuela discutirá si enjuicia o no a la fiscal Luisa Ortega Díaz, quien por mucho tiempo fue chavista y optó por dejar de serlo, lo cual le está trayendo enormes consecuencias en lo político. La gota que derramó la copa fue el asesinato de Juan Pernalete de sólo 20 años, crimen que se cometió por una bomba lacrimógena que lanzó un miembro de la Guardia Nacional Venezolana, frente a lo cual la fiscal no defendió al Gobierno como este esperaba. Todo lo que vive Venezuela está llevando a destapar una muy grave crisis política que no es nueva, pero es cada día más dura. La pregunta no es si caerá Maduro, sino más bien ¿cuándo?

Ta vez lo único positivo que trajo consigo la dictadura de Venezuela, es que unió a la mayoría de venezolanos en torno a la democracia. No se respeta la división de los tres poderes; a la oposición le falta dominar el legislativo, el cual al menos en los próximos años no controlarán así se lo salten; como van, nunca podrán decir somos una democracia.

Es muy triste que Maduro nivela por lo bajo, es decir, la mayoría de los venezolanos son gente pobre. Las personas aspiran a que sus hijos los superen, incluso quienes ostentan el poder, ya sean civiles o militares. Pero no son muy inteligentes, acabaron con la producción en Venezuela y además bajó el precio del petróleo. El país no producía mucho y dependía enormemente de la producción del petróleo, ahora explota menos este recurso y de nada le sirve tener las reservas más grandes del mundo. Chávez fue elegido democráticamente y lentamente fue llevando al país por el camino de la mano fuerte y de la dictadura. Es decir, engañó a los votantes.

Ahora el gobierno pretende elegir una asamblea amañada, que solamente busca perpetrar en el poder al chavismo. Uno de los hechos más dicientes es que no respetan a la fiscal, quien se les “torció” y quiere tumbar Maduro, a quien ya poco le importan las formas. Pidió la renuncia del secretario general de la O.E.A. y éste, muy hábilmente, le respondió que sí renunciaría, siempre y cuando se dieran ciertos cambios, los que no se verán nunca.

Los civiles tienen miedo, con razón. El gobierno es una dictadura, no respeta las protestas, mata jóvenes -ya van más de 70-; los ciudadanos protestan, sobre todo los jóvenes. Es una tristeza que no salgan a protestar más ciudadanos independientemente de la edad.
Si en Venezuela no hubieran robado tanto, la historia sería diferente. Se logró que las clases menos favorecidas subieran al poder y, aun cuando los resultados obtenidos hoy afectan a muchos, no es a todos, lo que permite que la dictadura aun no caiga.

El 27 de junio Maduro afirmó que de ser necesario acudirá a las armas. Más que una amenaza, es una frase de quien se siente perdido, piensa que se le está saliendo de las manos el poder y trata de amedrentar a la oposición. Pero el pueblo se está cansando, o ya se cansó. No quieren un futuro como el de los cubanos. Están dando su vida, ya que no tienen mucho que perder, pues no quieren vivir en una dictadura. Los militares tienen hijos que se ven afectados por el pésimo gobierno, en el momento que Maduro los descuide se le van a voltear, pues nadie respalda a otra persona cuando a su familia le faltan oportunidades. Maduro olvida que los militares también anhelan que sus hijos los superen, no por ser un idiota, sino porque solamente conoce la fuerza para poder hacerse respetar.


Sobre J. William Pearl
Politólogo, lobbista y columnista de El Espectador.
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